Recordarte que la crianza no consiste en tener hijos perfectos, obedientes o siempre agradecidos, sino en aprender a estar realmente presentes y disponibles. No se trata de sacrificarse haciendo mil cosas si, al final, no estamos. Asumir esta responsabilidad te da poder: el poder de transformarte primero y, desde ahí, transformar la vida de quienes más amas.
Sueño con que los niños crezcan sabiendo que valen más que una nota, un diagnóstico o la opinión ajena; que se sientan vistos y escuchados, y que comprendan que ser únicos es fascinante.
Que en casa la salud mental se viva como algo natural y cercano; que ir al psicólogo signifique “nos estamos cuidando”, como ir al pediatra. Anhelo una generación de madres y padres que se atreva a mirar con honestidad cuando algo no funciona.